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La Parroquia de San Bartolomé, situada en la Plaza de España, es un templo del Siglo XV de estilo Gótico-Mudéjar, con portada atribuida a Hernán Ruiz I. Las obras de la Torre se iniciaron en 1548, siendo concluidas en el año 1817.

En el año 1150, según refiere Fray Jaime Bleda en su <<Restauración de España>> los moros de Granada y de Jaén, con muchos Gomeres que le vinieron de África fueron contra Aben-Abdu, rey de Córdoba y echándole de ella, pidió auxilio al rey de Castilla Alfonso VII el cual pasó aquel año a  Andalucía, corriendo las tierras de Jaén, Andújar, Arjona y tomó la villa de Montoro, que habiendo perdido su antiguo nombre, la llamó Monte de Toro, titulándose rey de ésta población, como se ve  en algunos privilegios y dejando nombrado alcayde de ella y adelantándole la frontera al noble castellano Don Nuño de Lara.

A la muerte del emperador Alfonso VII acaecida el 1 de Agosto de 1157 y reinando ya su hijo Sancho III, el Deseado, los cristianos perdieron a Montoro  en 1158; pero siendo esta población muy codiciada por su fortaleza, es indudable que fue perdida y recuperada muchas veces, hasta que al fin fue conquistada por Fernando III el Santo en el año 1238.

En ninguna de las crónicas de aquellos tiempos, ni en los antiguos manuscritos que hemos consultado, se lee episodio alguno interesante que  se  refiera  a  la  conquista  de  nuestra  ciudad;   pero   cuenta la tradición que después de un largo bloqueo, el valeroso capitán Domingo de Lara, con sus huestes castellanas, logró apoderarse el 19 de Agosto de dicho año, del barrio que lleva su nombre que estaba fuera del recinto amurallado, continuando defendiéndose los sitiados con el heroísmo, asta que conociendo la imposibilidad de recibir los socorros que habían pedido, y faltándoles ya los mantenimientos, se rindieron sin condición alguna; y el 24 de Agosto del año de 1238, día de San Bartolomé se viera brillar el signo de nuestra redención, en lo más alto de las almenas de la Alcazaba de Mota.

Purificada y consagrada para el divino culto la mezquita de la Alcazaba, se dijo en ella la primera misa el domingo 28 de Agosto, siendo la primera parroquia que tuvieron los conquistadores, bajo la advocación de San Bartolomé que desde entonces fue el patrón de la ciudad. Hasta la construcción de la actual parroquia consagrada a San Bartolomé en memoria póstuma de tal efemérides, edificada en 1487  en la Plaza Mayor, de buena fábrica  y de estilo Gótico, siendo Obispo de Córdoba Don Iñigo Manrique; y la Iglesia de San Sebastián, construida en despoblado a la salida de la villa, para que sirviera de ayuda a la Parroquia y para que pudieran asistir los moradores de los nuevos barrios que estaban formados, a los oficios divinos.

En dicha Parroquia se encontraba el Altar Mayor dedicado a San Bartolomé, Patrón de Montoro. Sobre la puerta principal se encuentran tres esculturas de piedra, representando la de en medio a la Virgen del Rosario y a los lados San Bartolomé y Santiago.

La capilla de Nuestra Señora del Rosario, Patrona de Montoro, según la descripción que nos hace Criado Hoyo en su libro “Apuntes para la Historia de la Ciudad de Montoro”, ubicada en dicha Parroquia es magnífica, de bastante amplitud y decorada brillantemente con unas colgaduras de damasco rojo. Tiene un primoroso retablo tallado y dorado de bastante mérito que se terminó el 3 de Julio de 1757, en cuyo día acordó el Ayuntamiento, se hiciera una solemne función de Iglesia, con la asistencia de Don Benito de Criado y Ramos, Teniente de Corregidor y Regidor perpetuo y Don Cristóbal Ortiz, también regidor perpetuo de la villa. En el centro de este artístico retablo se destaca la imagen de Nuestra Señora del Rosario escultura antigua muy recomendable, y en los altares laterales las efigies del Corazón de Jesús y Santo Domingo. En esta linda capilla, se conservan, con gran veneración de los fieles, las reliquias de los Santos Teodoro, Nestório y otros mártires.

Con motivo de salida de la guarnición francesa hacia el año 1812,  acordó el Ayuntamiento, <<se  celebrara,  con la  mayor pompa y solemnidad, una función de iglesia con Tedeum, para tributar el Todopoderoso, las más rendidas gracias, y a los Patronos de esta ciudad Maria Santísima con los títulos de la Fuensanta y del Rosario, y San Bartolomé, por los muchos y particulares beneficios que había recibido Montoro, librando a sus habitantes de la esclavitud en que estaban sumidos, sufriendo los mayores ultrajes, robos, muertes e insultos que a todas horas les causaban las odiosas tropas francesas, que pretendían, no sólo dominarlos, sino también despojarlos de cuantos dineros tenían, y aún de los necesarios alimentos, viéndose por las calles, el terrible espectáculo, de morir de hambre a muchos niños y ancianos sin que nadie pudiera socorrerlos, porque todos experimentaban igual infortunio>>.

En la mañana del día 1ª de Noviembre de 1755, poco después de las nueve y media, se comenzó a sentir un estremecimiento de la tierra que poco a poco fue aumentando en intensidad, hasta el extremo de mover los más sólidos edificios con violentos vaivenes, por espacio de seis minutos, mitigándose lentamente, hasta terminar.

Indescribible es el pánico y el terror que ese movimiento sísmico causó en los habitantes de la Villa, no habiendo en ella más que confusión, llantos y lamentaciones; pero al fin sosegóse la alteración de los ánimos, viendo que los estragos que  habían producido los sacudimientos de la tierra, se habíanreducido, al derrumbamiento de una pobre casa de frágiles cimientos, sin ocasionar desgracias personales, y a desperfectos insignificantes en algunos edificios.

Remontarnos al inicio de la devoción a la virgen del Rosario en la localidad de Montoro es por el momento una interrogación difícil de contestar de manos de la historia, aunque es muy probable que su nacimiento se fije en los últimos años de la Época Medieval debido al continuo trasiego de tropas y soldados que se dirigían a combatir a Granada, último reducto musulmán existente en el reino de Castilla.

Es bien conocido, que estos contingentes militares llevaban consigo imágenes religiosas a las cuales se encomendaban antes de los combates. De este modo, algunas de las probables advocaciones medievales de índole castrense que podemos atestiguar en Montoro, son las que se erigieron en honor a Nuestra Señora de Gracia, a Nuestra Señora de la Aurora y a Nuestra Señora de Guadalupe. Otras de las devociones marianas medievales en la localidad serían las de la Virgen de la Cabeza, posiblemente por la cercanía de Montoro a la ciudad de Andujar y la Virgen de los Remedios, en el vecino despoblado de Villaverde. 

Aunque no podemos precisar el número de huestes que cruzaron esta villa a fines del siglo XV, se tiene constancia, gracias a la obra escrita por Leopoldo Martínez Reguera, que en el antiguo Castillo de Santa María de la Mota se alojaron en el año 1487, las infantas doña María y doña Catalina, hijas de los Reyes Católicos. 

Con el séquito real viajaban la orden religiosa de los dominicos, muy influyente tanto en la institución del tribunal de la inquisición, como en la constitución de nuevas hermandades y cofradías de gloria, entre las que destaca la del Santo Rosario. Tras la rendición del reino nazarí de Granada a las tropas cristianas, los frailes dominicos que habían acompañado a Isabel y Fernando en su última campaña militar, empiezan a establecer conventos en las localidades y ciudades arrebatadas al dominio musulmán. 

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Plaza de España, Manuel Criado Hoyo, Antonio Garijo (Morenas), Diego Medina, Plaza de San Miguel, Santos Isasa, Plaza del Charco, Plaza Hijas de la Caridad, Corredera y Plaza de España.

Ambas Imágenes, Ntra. Sra. del Rosario y San Bartolomé, pertenecen al escultor cordobés Ruiz Olmos.

Así comienza a extenderse por todo el territorio peninsular el fervor y el culto a la Virgen del Rosario. Entre las funciones piadosas que los dominicos organizan por las diferentes poblaciones de Castilla para expandir la doctrina del Rosario, están las armoniosas composiciones de cánticos y rezos a esta advocación mariana. Son muchos los religiosos que se distinguieron por la creación de fragmentos a la virgen, empleados en el anuncio de la palabra de Dios por medio del Santo Rosario.

Toda esta serie de particularidades hacen que podamos defender la instauración de un cierto fervor popular en torno a la Virgen del Rosario a fines del siglo XV o principios del siglo XVI en la villa montoreña. No obstante según las reglas de 1681 de Nuestra Señora, en Montoro se erigió en la primera mitad del siglo XVI la hermandad Sacramental la cual se legislaba por unas reglas muy estrictas aprobadas en 1535, las cuales estaban realizadas en pergamino y forradas de tablillas. No sabemos cuales eran sus disposiciones ni los artículos de las mismas, pero men las constituciones de la hermandad del Santo Rosario de 1681, se hace referencia a que esta cofradía se había confundido durante años con la hermandad de Nuestra Señora, aprovechándose la reorganización de esta última para dejar claro la separación de ambas hermandades. 

Con el establecimiento de esta devoción, hemos de destacar otro signo importante de la propia identidad religiosa de los dominicos, el culto a Santo Domingo de Guzmán. Sabemos que ambas imágenes estarían juntas tanto en la capilla erigida al efecto, como en numerosos cultos y celebraciones, aunque no nos han aparecido ninguna mención documental en los Archivos Municipales anterior al siglo XIXco respecto a dicha efigie. La primera vez que se encuentra reflejada la talla de Santo Domingo de Guzmán es en un inventario de la Hermandad de la Virgen del Rosario fechado en 1826. En este se anotan todas las joyas, alhajas enseres que custodiaba la Cofradía en el siglo XIX, además de los ingresos y datas que se realizaban en el seno de la misma.

Pero será a partir de la segunda mitad de la centuria del dieciséis cuando nos comienzan a aparecer datos significativos relacionados con el culto a la Virgen del Rosario, gracias a la documentación conservada en los protocolos notariales de Montoro. Los primeros testimonios escritos nos afloran en las mandas testamentarias con directa relación a la celebración de misas en sufragio del alma del fallecido, en conexión con las dejaciones del aceite a las lámparas de las imágenes, ya que con este gesto el testador mitigaba la angustia que le producía la certeza de su defunción y la ansiedad generada por la ignorancia sobre lo que sucedería después de su muerte. Como vemos, la sociedad medieval y moderna intentaba por todos los medios protegerse espiritualmente, quedando dicho factor muy presente en los documentos notariales emanados entre los siglos XV y XIX.

Sabemos que la imagen de la Virgen del Rosario debía encontrarse en una capilla principal de la Parroquia de San Bartolomé. Esta escultura se localizaría en un retablo que se concluyó en 1606. El dorado de este tabernáculo fue promovido por el prioste de esta Hermandad, Juan Ruiz delas Yerbas, estando el acuerdo realizado por medio de un vecino de Córdoba. Gracias a los datos proporcionados en dicho documento, sabemos que la hermandad había adquirido dos imágenes de madera para ser colocadas en dicho altar y para lo cual, el artesano se obligó a concluirlas de pintar para el mes de Enero de 1608. La primera de las tallas estaría acabada y realizada en oro limpio con partes de encarnado. La segunda de las imágenes se realizaría dorada y estofada. Podemos intuir que con la construcción de un retablo, la devoción a la Virgen del Rosario crecía progresivamente entre los montoreños. Esto también repercute de forma directa en la donación de mandas testamentarias materiales, ya no solo de aceite y cera acostumbrada, si no se toman en objetos entregados para la realización de joyas, manteles para el altar u otro tipo de adorno para la capilla de esta imagen mariana.

El gran momento de auge de la devoción a la Virgen del Rosario vino cuando, tras la batalla de Lepanto en 1571, el Papa dominico Pio V declaró su día como fiesta para toda la Iglesia Católica. De hecho este acontecimiento era aún recordado en el acta de 1691 por el Ayuntamiento de Montoro. 

Las procesiones del Rosario fueron fomentadas en el siglo XVII, gracias al interés suscitado por los religiosos don Juan Cazorla y su discípulo, don Manuel Suárez Hidalgo. Estos presbíteros consiguieron captar la atención del vecindario montoreño en las salidas de los cortejos del Santo Rosario, fomentando de la misma forma, los acompañamientos de las cofradías de pasión en la Semana Santa. 

Por medio de la obra del jesuita Juan Beltrán, sabemos que los padres Cazorla y Suárez se encargaban de impartir cátedra a los pequeños de la localidad, llevándolos cantando diariamente a la pequeña ermita de Santa María de la Mota para que allí aprendiesen sus primeras letras. Terminadas las clases, regresaban a la parroquia de San Bartolomé que, tocando sus campanas, llamando a los habitantes de la villa a rezar el Rosario junto con los niños y maestros ante la imagen de la Virgen. 

Por las noches el vecindario se llenaba del misticismo propio de los motetes y plegarias llevados a cabo por estos religiosos ya que, como capellanes de dicha cofradía, paseaban todos los días por las calles montoreñas por si alguno de sus habitantes querían besar las manos, siendo el padre Suárez el que más gente atraía diciendo la frase “La Virgen Santísima sea el premio”. Quizá a partir de esta labor predicadora, arranque la procesión dominical de Nuestra Señora del Rosario, estando ésta precedida por la confesión y eucaristía de los asistentes a dicha función.

La citación a la procesión se hacía mediante el reparto de unas cédulas de papel entre los naturales, donde se hacía constar la hora de la misma y los días en los que se ganan las indulgencias plenarias a través de la intercesión de Nuestra Señora. 

El cortejo procesional comenzaba con la salida del estandarte sustentado sobre una vara rematada por una cruz. 

Tras el mismo discurría toda una serie de hermanos de luz que portaban una vela para iluminar la imagen titular. El cortejo procesional estaba dirigido por una serie de cofrades que velarían por el buen desarrollo del mismo, llevando consigo las varas de la cofradía que eran de palo redondo, de la altura de una persona y con la insignia del Rosario presidiendo el cetro.

Desconocemos los motivos que ocasionaron la desaparición de la cofradía de la Virgen del Rosario a mitad del siglo XVII, asistiendo de nuevo a su reorganización en 1681. El restablecimiento cultural se llevó a cabo por mediación del dominico fray Benito de la Asunción, lector de Artes y conventual en San Pablo de Córdoba, y algunos fieles de Montoro. Éste religioso se encargó de aprobar las reglas y aceptar el nombramiento de don Benito García Herrador como primer Hermano Mayor de la misma. Don Benito se mantuvo al frente de esta cofradía de gloria desde el año 1681 a 1691, momento en el cual fray Gaspar de Santaella escribió una misiva al vicario de la Parroquia de San Bartolomé de la villa de Montoro, indicando que se debía de renovar el cargo de Prioste de la hermandad de Nuestra Señora del Rosario, pues se estaban incumpliendo el capítulo de la celebración anual de elecciones de cargos.

Una vez elegido el cargo, los resultados eran enviados al capellán de Nuestra Señora del Rosario al prior del convento dominico de San Pablo en Córdoba para que ratificase el nombramiento. Las obligaciones del Hermano Mayor se conocen gracias a los aportes documentales de los fondos establecidos en el Archivo General del Obispado de Córdoba. En estos se prescriben los compromisos contraídos por el cargo de Prioste, tales como la asistencia a las procesiones de los primeros domingos de cada mes, y a la que se celebra con toda la solemnidad en Octubre, preocupándose que esta última contase con su sermón y renovación de la cera. Así mismo el Hermano Mayor debía de velar por el cuidado de las alhajas que la hermandad pudiera tener y adquirir en el momento de su mandato. A mediados del siglo XVIII la hermandad de la Virgen del Rosario comenzó a edificar una espaciosa capilla en uno de los laterales de la parroquia de San Bartolomé. Ésta es de planta cuadrada, conformada por tres arcos de medio punto donde se insertan los huecos para las imágenes. El techo de la misma se cubre con una cúpula de molduras barrocas, que denotan un cierto carácter de movimiento al entorno de la Capilla.

En la mañana del 1 de Noviembre de 1755, en el suroeste del cabo de San Vicente en Portugal se produjo un terremoto de una magnitud de nueve en la escala de Richter, que produjo noventa mil muertos y unas olas de quince metros de un tsunami que afectó la costa occidental de Europa y parte del norte de África. En ese preciso instante, en Montoro se celebraba la misa mayor en la Parroquia de San Bartolomé por los presbíteros don Martín González Herrador, teniente de cura; Antonio de Lara, presbítero de Evangelio y don Antonio José Marín y Lara presbítero epistolar, que al oír tan gran estruendo salieron a la calle con sus ropas sacerdotales. Don Pedro de Nájera, capellán de la Virgen de Rosario, se encontraba en la sacristía del templo preparándose para oficiar la misa anual en la capilla de la Virgen del Rosario, al cual no le dio tiempo de quitarse sus vestiduras, ni de colocarse su sombrero saliendo con todos los religiosos y fieles a la plaza para suplicar a la Virgen del Rosario que acabase dicho terremoto. Durante este seísmo la torre de San Bartolomé quedó ladeada hacia Santa María dela Mota y algunas casas de la calle Alta quedaron colgadas encima de la Alhóndiga, sin producirse daños personales, por lo que sus moradores salieron dando las gracias a Nuestra Señora de Rosario.También se sabe de la gratitud del pueblo montoreño a ésta Imagen mariana por haber paliado la sequía que venía sufriendo desde el año 1750.

En acción de gracias por no tener que lamentar ningún incidente, el Ayuntamiento determinó realizar una función solemne en la Parroquia de San Bartolomé dedicada al Santísimo Sacramento y a Nuestra Señora del Rosario el 23 de Noviembre de 1755. Ese día se celebraría una misa con sermón matinal, y por la tarde saldría la procesión por las calles del pueblo. Al año siguiente, el Concejo montoreño acordó realizar de forma perpetua una fiesta a Nuestra Señora del Rosario, en recuerdo y gratitud de la escasa incidencia que tuvo el seísmo en la Villa. Para una mayor solemnidad del acto, se decretó la asistencia de los gremios, las comunidades religiosas y a todos aquellos particulares que quisieran asistir a la misa. Se decide que dicha función sea efectuada el día del Patrocinio de María Santísima indicándose, que dicha celebración no coincidiese con otra fiesta en la Parroquia Mayor.

En los primeros días de la guerra civil, la imagen de Nuestra Señora del Rosario, su retablo y otros conjuntos artísticos de gran antigüedad e importancia son destruidos en su totalidad. Son muy escasos y variopintos los datos que podemos ofrecer con relación a la reorganización, fundación y funcionamiento de la hermandad de Nuestra Señora del Rosario durante la segunda mitad del siglo XX en Montoro. La carencia de actas, los pocos testimonios orales y la falta de una información sólida y eficiente provoca un gran vacío documental.

La talla que se procesiona es de gran voluminosidad, estofada y por el momento se desconoce su autor. Es de madera y de gran corpulencia y peso .Debido a ello, se cambió a otra más pequeña para las procesiones por falta de personal que soportara el peso de la misma. Esta imagen de candelero es la actual Virgen de la Candelaria que se venera en el Retablo de las Almas del Purgatorio de la Parroquia de San Bartolomé. Don Pedro Zurita donó su primera cazulla bordada como manto para esta imagen, que durante años se procesionó el día de la Virgen del Rosario. A mediados de los años 80 del siglo XX, don Lorenzo Castillo Morales, se encargó de la reorganización de la cofradía, comenzando por realizar una precisa restauración de la Imagen Patronal y adquiriendo el trono de la Virgen de los Dolores, perteneciente a la Real Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno, para poder realizar la procesión con la talla corpulenta. Este trono es obra de Andrés Valverde y es de los años 70 del siglo XX. Esta junta directiva cesó en su cargo el 21 de Marzo de 2001. 

El 29 de Julio de 2002, festividad de Santa Marta, se constituye la anterior Junta directiva de la Cofradía de María Santísima del Rosario y San Bartolomé de la mano del Cura Párroco de la Iglesia de San Bartolomé Don Rafael Rabasco Ferreira que actúa como consiliario de la misma y Don Ildefonso Sánchez García como Hermano Mayor Presidente. Con esta Junta de Gobierno comenzará el verdadero periodo de esplendor de la Cofradía de María Stma. Del Rosario y San Bartolomé tras la Guerra Civil Española. Adquiriéndose numerosos enseres como el actual estandarte, cuatro faroles para el trono de San Bartolomé, cuatro candelabros para el paso de la Patrona de Motnoro, dos juegos de jarras, dos ciriales, pie para estandarte, nuevas dalmáticas y numerosas mejoras que han propiciado la resurrección de las procesiones y devoción de los Patronos de Montoro.

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